El papel del docente en las Escuelas Pías

Hits: 953

Una forma original de definir al profesor es como “Cooperador de la Verdad”. San José de Calasanz tenía un concepto tan alto del educador, y particularmente del maestro elemental, que lo cree un misionero de la verdad que, difundiendo la luz, disipa las tinieblas de la ignorancia y ayuda a los alumnos a salvarse de la esclavitud intelectual y moral, y para alcanzar la verdadera felicidad. (Asiain, Miguel Ángel, 1991).
Para Calasanz la principal virtud del educador eUna forma original de definir al profesor es como “Cooperador de la Verdad”. San José de Calasanz tenía un concepto tan alto del educador, y particularmente del maestro elemental, que lo cree un misionero de la verdad que, difundiendo la luz, disipa las tinieblas de la ignorancia y ayuda a los alumnos a salvarse de la esclavitud intelectual y moral, y para alcanzar la verdadera felicidad. (Asiain, Miguel Ángel, 1991).
Para Calasanz la principal virtud del educador es el amor a Dios y al prójimo, que se cristaliza en el amor práctico para con los alumnos. El quiere que el amor al niño vaya siempre acompañado de una gran paciencia “para saberse servir del talento que descubra en los alumnos y saber además, poner remedio a sus faltas e imperfecciones con afecto paternal” (Giner, 2002).
El educador con su trato cercano, su amor paciente y comprensivo, su sencillez y humildad, ayuda al alumno a lograr el propio conocimiento, la aceptación y superación de sí mismo y la maduración de la persona.
No somos selectivos ni de elite: procuramos acompañar, favorecer la autoestima de todos mediante la aceptación de cada uno. Por tanto se pondrá el ideal de la educación en la presencia activa, en la comunicación, en la escucha del educando.
Estamos abiertos a la formación continua y a toda innovación e investigación educativas en cualquier ámbito formativo.
Como educadores sentimos la urgencia de ser, “sanos” para poder “sanar”. Para ello recurrimos a la luz de los hombres (departamento de desarrollo humano) y a la luz de Dios que nos transforme en hombres y mujeres de fe.
s el amor a Dios y al prójimo, que se cristaliza en el amor práctico para con los alumnos. El quiere que el amor al niño vaya siempre acompañado de una gran paciencia “para saberse servir del talento que descubra en los alumnos y saber además, poner remedio a sus faltas e imperfecciones con afecto paternal” (Giner, 2002).
El educador con su trato cercano, su amor paciente y comprensivo, su sencillez y humildad, ayuda al alumno a lograr el propio conocimiento, la aceptación y superación de sí mismo y la maduración de la persona.
No somos selectivos ni de elite: procuramos acompañar, favorecer la autoestima de todos mediante la aceptación de cada uno. Por tanto se pondrá el ideal de la educación en la presencia activa, en la comunicación, en la escucha del educando.
Estamos abiertos a la formación continua y a toda innovación e investigación educativas en cualquier ámbito formativo.
Como educadores sentimos la urgencia de ser, “sanos” para poder “sanar”. Para ello recurrimos a la luz de los hombres (departamento de desarrollo humano) y a la luz de Dios que nos transforme en hombres y mujeres de fe.